LOS AMORES DE LA GATA COQUETA
LOS AMORES DE LA GATA COQUETA

Los amigos son ángeles que sujetan tus alas, cuando estas no pueden recordar como volar. Anonimo



Una semilla germinada con amor, será mañana una hermosa flor...

lunes, 20 de enero de 2014

La ciudad sin Laura



La ciudad sin Laura

 En la ciudad callada y sola mi voz despierta una profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un nombre y este nombre me
          acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbre ante mi voz enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que suena siento el sonido de una música lejana.
Y en la energía que la mueve siento el calor de una remota llamarada.
Porque mi voz es una vaga reminiscencia de la música sin causa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar este desierto es el de Laura.

      Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza que tenían.
La oscuridad desaparece mientras el sueño silencioso se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que recuerdo no me olvida.
Portque este nombre me sostiene con emoción desde su tierna lejanía.

      Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más homda que el silencio.
Cuando mi bodca estaba muda, mi corazón era invisible como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo estaba muerto.
La pesadumbre de las horas era más íntima que nunca en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches eran lentos.
La tierra estaba más obscura porque faltaban las estrellas en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio en el desierto?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor que me acompaña desde lejos?

      Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que estoy cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra ¿no es la del fuego en que se quema sin
          descanso?
Aunque las lenguas se interpongan entre nosotros, ya no pueden separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto del
          espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida sin dolor ni sobresaltos.
   

martes, 7 de enero de 2014

La estrella que se pierde en la aurora



Poema del Extasis

No... nunca fue mi mano más lenta que en la hora
secretamente mía de aquella noche aquella.
fue así como una nube cuando oculta una estrella
O así como una estrella que se pierde en la aurora.

Nunca tuvo mi mano más quietud impaciente,
semejante a la mano de un ladrón inexperto.
Porque fue como un buque que oscilara en el puerto
con el ansia inconforme de zarpar de repente.

Si, aquella noche... noche para soñar en vano
o encender una estrella... O apagar una duda.
Surgió bajo mi mano tu belleza desnuda
como si tu belleza surgiera de mi mano.

Ni una sola palabra de temor o reproche
abrevió el retardado placer del desenlace.
Como crece un jacinto frente al alba que nace
o como nace el alba del fondo de la noche.

No... nunca fue una mano más lenta ni más leve
que mi mano de amante con su gesto de amigo.
Eras como la nieve cayendo sobre el trigo
o un trigo milagroso brotando de la nieve.

Y tu estabas inmóvil bajo la selva rosa
como una flor fantástica que se abriera en el lecho.
Mientras mi mano lenta descubría en tu pecho
dos motivos iguales para llamarte hermosa.

Pero desde esa noche de calma y de tormenta
desorientadamente vacilé en una duda.
Si cerraste los ojos por no verte desnuda
o bien porque mi mano fue demasiado lenta.

Autor: José Angel Buesa
Declamada por: José Domingo Castaño